lunes, septiembre 01, 2014

Explicarse es respetar

El razonamiento que explica una norma inviste de autoridad a la norma. Esa es la razón de que resulte imprescindible para un buen clima, tanto personal como organizacional, esgrimir los motivos por los que se toma una decisión. Cuando las medidas que uno adopta se promulgan con argumentos sólidos, cuando se insertan en un proyecto más amplio e inteligible, cuando se puede hablar de ellas, o incluso participar en su creación y modulación, se intensifican las posibilidades de respetarlas.  A las personas nos desagrada cumplir órdenes arbitrarias, normas que adolecen de falta de sentido, aceptar una reprensión que llega exenta de una justificación racional y además inmunizada a la crítica por una mera cuestión jerárquica. Una norma así es una norma patógena. Contaminará el medio ambiente afectivo y por extensión todo lo que se deriva de una incomodidad emocional.  Aunque parezca lo contrario, en cuestiones normativas es mucho más costoso un  silencio que un argumento. 

En el libro ¡Sí! (Lid Editorial, 2008) de Goldstein, Martin y Cialdini, un ensayo muy recomendable sobre los entresijos de la persuasión, sus autores comentan que toda afirmación seguida de un porque aumenta exponencialmente su capacidad persuasora, es decir, el intento de que alguien emigre de opinión a través de la exposición de argumentos. La conjunción “porque” toma en consideración a la persona interlocutora o directamente interpelada, respeta su capacidad de escrutar los hechos y colocarlos allí donde encuentran su razón de ser, elimina una posible sensación de aleatoriedad en la medida, o de nociva inequidad, el sentimiento más corrosivo para el buen funcionamiento de las interacciones con nuestros pares. Explicarse es  un recurso persuasor, pero sobre todo es una herramienta que enlaza con nuestra sociabilidad. Al explicarnos conferimos el estatuto de persona al otro. No existe mayor muestra de respeto. Es fácil por tanto inferir qué podemos hallar en el reverso de esta conducta. Qué ocurre cuando no explicamos decisiones que afectan a los demás.