martes, enero 20, 2015

Pero, una palabra para echarse a temblar


Pocas palabras provocan tanta intranquilidad como escuchar un pero después de una afirmación en la que uno sale bien parado. Por su rango de conjunción adversativa el pero es sustantivamente inquietante. Cuando nos hallamos sumidos en la placidez de un enunciado amable, de repente aparece el pero con calculada suavidad brusca y nos inocula un desasosiego que pronostica que la aseveración que acabamos de escuchar sufrirá alguna amputación, que su presencia ahí en mitad de la frase invalidará lo que nos acaban de decir, o se presentará más real al retirar gran parte de los colorantes y los edulcorantes que la dotaban de dulzura y hospitalidad. Es una herramienta gramatical que hace palidecer al que la escucha augurando un viraje aciago en el discurso de su interlocutor, al que rápidamente se le presupone haber escondido algo detrás de las anteriores palabras y que ahora va a destapar con toda su crudeza (sin peros en la lengua). El pero primero te otorga y luego te despoja parte de lo ofrecido. Es un aguafiestas, un impertinente, un puntilloso dedicado a frustrar expectativas inicialmente esbeltas. Modifica la estructura semántica esparcida en los pliegues de la oración, empobrece las palabras que lo anteceden y en algunos casos, al contraponer otras, directamente las desahucia del significado que ingenuamente le habíamos conferido. Tiene una actividad de cuchilla de guillotina, puesto que cuando emerge más que matizar lo dicho lo decapita sin remilgos. Es cierto que a veces el pero no cercena, sino que se dedica a la tarea de añadir cosas nuevas. Incrementa la autoridad de la aseveración que escolta y en otras ocasiones agrega nuevos puntos de apoyo, como cuando se le puede reemplazar por «además». Entonces el pero muestra una amabilidad y unos deseos de informar que lo hacen bienvenido y hasta simpático. Desgraciadamente no es frecuente. El pero más habitual es el otro. El quisquilloso. El que corrige la frase pronunciada porque en realidad quien la pronuncia no piensa así. Al menos no exactamente así.  A veces incluso diametralmente opuesto a así.