martes, abril 21, 2020

Aprender a valorar las cosas antes de que se las lleve la corriente


Obra de Almudena Sánchez Mata
Prosigue el confinamiento. Con toda probabilidad mañana será prorrogado una quincena más y por lo tanto tendremos que ceder de nuevo a una singularidad poco subrayada estos días tan excepcionales y a la vez tan impregnados de abatimiento. La cuarentena no solo nos obliga a permanecer encerrados dentro de casa, sino que nos fuerza a habitar dentro de nuestra cabeza. El confinamiento físico entraña un confinamiento psíquico. Sé que desde que nacemos vivimos en el interior de nuestro cerebro, pero el aislamiento social cancela la interrelación presencial con los demás, necesaria para la desescalada del contagio, y nos metamorfosea en anacoretas aprisionados en nidos insulares de ladrillo y cristal. Es cierto que disponemos de una bendita multiplicidad de pertrechos digitales para entretenernos y tapar nuestros oídos al ulular de los fantasmas del tedio y la aflicción, pero la extensa duración del confinamiento empieza a hacer mella en la capacidad de concentración y distracción. Al no existir tiempos diferentes que se complementen y se brinden sentido mutuo desde su condición antagónica, el tiempo comienza a ser una gigantesca y pesada presencia informe difícil de docilizar. Mucha gente con la que hablo a diario me confiesa estar ahíta de lecturas de todo tipo, de ver películas, de sumergirse en series...


* Este texto aparece íntegramente en el libro editado en papel Acerca de nosotros mismos. Ensayos desde el confinamiento (Editorial CulBuks, 2020). Se puede adquirir aquí.















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