Este es un retal de la conferencia que pronuncié este pasado 20 de diciembre en el hermosísimo salón del Consulado de Portugal en Sevilla, el pabellón que levantaron con motivo de la Exposición Universal de 1929. Acquajet tuvo la deferencia de contar conmigo para aportar reflexión y prologar su ágape navideño. Acordamos que les hablaría del papel estelar del sentimiento de la alegría en la interacción humana. Subrayé que la alegría es tender una alfombra roja al otro para que pase sabiéndose bienvenido. Cultivarnos en ella es fomentar los hábitos afectivos que favorecen tratarnos bien. Os deseo que paséis unos días acogedores y alegres al lado de los seres que más queréis y que más os quieren a vosotras y vosotros. Volveremos a coincidir entrado ya enero. Un fuerte y cariñoso abrazo.
Un lugar interdisciplinario para el análisis de las interacciones humanas. Por Valle Bilbao.
martes, diciembre 24, 2019
¡Alegres y acogedores días!
Este es un retal de la conferencia que pronuncié este pasado 20 de diciembre en el hermosísimo salón del Consulado de Portugal en Sevilla, el pabellón que levantaron con motivo de la Exposición Universal de 1929. Acquajet tuvo la deferencia de contar conmigo para aportar reflexión y prologar su ágape navideño. Acordamos que les hablaría del papel estelar del sentimiento de la alegría en la interacción humana. Subrayé que la alegría es tender una alfombra roja al otro para que pase sabiéndose bienvenido. Cultivarnos en ella es fomentar los hábitos afectivos que favorecen tratarnos bien. Os deseo que paséis unos días acogedores y alegres al lado de los seres que más queréis y que más os quieren a vosotras y vosotros. Volveremos a coincidir entrado ya enero. Un fuerte y cariñoso abrazo.
martes, junio 05, 2018
Para ser persona hay que ser ciudadano
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| Obra de Stephen Wrigth |
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Cooperar para unos mínimos, competir para unos máximos.
Somos existencias al unísono.
martes, enero 24, 2017
La fragilidad de los vínculos
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| Obra de Alice Neel |
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¿Una persona mal educada o educada mal?
martes, julio 12, 2016
La vida enseña, pero aprender es privativo de cada uno
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| Obra de Henrik Uldalen |
La vida enseña, sí, pero sobre todo la vida de los demás. Yo suelo reivindicar el papel de la imaginación como poderosa fuente de aprendizaje. Muchos sentimientos de un protagonismo irrefutable en nuestro estatuto de personas se nutren de esta capacidad para poder hacer nuestras tanto la alegría como la tristeza de aquellos que pululan en nuestro derredor o a miles de kilómetros. Si no pudiéramos imaginar en nuestras vidas lo que es real en la vida de los demás, nuestro conocimiento sería ridículamente diminuto. Afortunadamente podemos convalidar nuestras ideas y nuestras visiones utilizando experiencias que provienen de los otros. Los seres humanos hemos decidido organizar nuestra vida en espacios, propósitos y recursos compartidos, y es ese nudo de interacciones con sus correspondientes elementos culturales el que nos proporciona una ingente cantidad de información que a nosotros nos compete destilar en conocimiento y, una vez metabolizado, articularlo y organizarlo en comportamiento. Aunque creemos que no hay mayor pedagogía que la acumulada en la experiencia territorial de la propia vida, el yacimiento de mayor enseñanza reside en la pluridad de nuestras interacciones, en las relaciones redárquicas que mantenemos en el paisaje social, en el intercambio de los relatos que pugnan por desentrañar el porqué de las cosas. Se trata del aprendizaje vicario y mimético de las narraciones de los demás. En realidad la cultura no es otra cosa que un amplio conjunto de técnicas, costumbres, historias y significados compartidos por una comunidad que toma prestados de sus antepasados, amplifica, afina y mejora, y lega a la siguiente generación que hará lo mismo en un proceso infinito. Ahí tenemos a nuestra disposición las novelas, las películas, las canciones, los ensayos, los poemas, los cuadros, las obras de teatro, las imágenes, las conversaciones cuajadas de la seducción interpelante de las preguntas y las respuestas, toda la narratividad humana que ofrecen los diferentes formatos que hemos inventado para su exposición, transmisión y compartición. Hemos decidido bautizar este mosaico de saberes como Humanidades, los recipientes que nuestra inteligencia creativa ha alumbrado para explicarnos a nosotros mismos.
Todo este acervo no deja de ser una nutritiva charla privada con los demás que ponen a nuestra disposición lo que han urdido o lo que les ha ocurrido a ellos en su vida, y que ahora nos entregan en un molde ordenado e inteligible. De ahí extraemos mucho más conocimiento y mucho más sedimento sentimental que el que pueda condensar nuestra biografía aisladamente, por mucho que acumule vicisitudes y sea opulenta en experiencias. En las interacciones y en los relatos ajenos brincamos el perímetro obscenamente reducido del yo y nos adentramos en las visiones pluridimensionales, en la universalidad y la diversidad simultánea, nos dotamos de cosmovisiones nuevas, comprendemos la gratuidad de todo juicio que no deja de ser una fabulación osada con tal de armar una historia que nos permita neutralizar la incertidumbre, aprendemos a aceptar nuestra propensión a ver lo que esperamos ver, asumimos que la mayoría de las veces adoptamos aquellas decisiones que se ajustan a las expectativas que los demás han depositado en nosotros, aprendemos a relativizar, a comprender a Camus cuando argumentaba que «no hay destino que no se supere mediante el desdén», a asentir con el gran Kahneman que «nada en la vida es tan importante como pensamos que es en el preciso momento en que lo pensamos», o a sentirnos impostores si no tenemos la valentía de responder con un sincero «no sé» a la mayoría de las interrogaciones que nos formulan o nos formulamos. Somos propietarios o copropietarios de nuestra biografía, pero en ella hay cabida para la biografía de los demás, para que sus ideas polinicen con las nuestras, para que sus episodios se confronten con los nuestros, para desentumecer primero y enriquecer después nuestra vida con su vida, para que los relatos heredados nos permitan construir el nuestro con mayor conocimiento de causa y elección. La vida enseña, pero hay una gigantesca variedad de formas de vivirla. Unas permiten aprender más que otras. De hecho, algunas apenas permiten aprender algo.
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Desobedécete a ti mismo para ser tú mismo.
martes, noviembre 10, 2015
Narcisismo verbal
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Pensamos con palabras, sentimos con palabras.
El ejemplo es el único discurso que no necesita palabras.
martes, septiembre 22, 2015
Réquiem por la Filosofía y por las Humanidades
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| Obra de Katharine Jung |
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Educar en valores.
No todas las conductas valen lo mismo.
miércoles, marzo 18, 2015
Primer aniversario de La educación es cosa de todos...
Hoy hace un año que se editó el libro La educación es cosa de todos, incluido tú (Editorial Supérate, 2014). Similarmente a los demás libros que he redactado, decidí escribirlo para aprender. Trataba temas que no sabía bien, pero que tenía muy claro que después de una larga temporada conviviendo a todas horas con ellos acabaría sabiendo. Esto mismo me ocurre con prácticamente todos los artículos que publico aquí. No sé muy bien lo que pienso hasta que no leo lo que he escrito. Esa es la palanca motivadora que me impulsa a cavilar, tomar notas, repasar bibliografía y finalmente poner mis dedos a bailar en el teclado de la computadora. Escribir se erige así en una actividad que desafía al caos, que ordena un tumultuoso magma de ideas que no cobra sentido y gobernabilidad hasta que no se encapsula en palabras y aserciones. Así que escribí La educación es cosa de todos, incluido tú para saber lo que no sabía, para combatir mi ignorancia o acaso para ampliarla, puesto que cada vez estoy más persuadido de que no sabemos lo mucho que no sabemos y sabemos muy poco de lo poco que sabemos. Para remachar el clavo de este inquietante paisaje, cuando alguna vez llegamos a creer saber algo simultáneamente incrementamos dolorosamente la conciencia de nuestra vasta ignorancia.El libro que hoy celebra su primer cumpleaños es una poética de la convivencia. Treinta y tres epígrafes parcelados con vocación de manual para una lectura fragmentada y de consulta. Es una obra transdisciplinaria y orgullosamente promiscua, encantada de establecer lazos íntimos con materias muy diferentes. La educación es aprender a admirar lo admirable, escribió Platón, pero esta afirmación se presentaría huérfana si no añadimos que además de admirarlo hay que reproducirlo en nuestra conducta, fomentarlo con nuestro comportamiento, incardinarlo en el barómetro que mide la temperatura de lo para nosotros es importante y lo que no, llevarlo a nuestro productor de sentido y a nuestro constructor de metas. Esta orografía es a la que yo me refiero cuando señalo que la educación acontece a cada instante, sobre todo cuando no nos damos cuenta, y que por tanto no es patrimonio exclusivo de los establecimientos educativos ni de sus ofertas curriculares. Está en el aprendizaje invisible que recorre las interacciones a las que estamos obligados por nuestra condición de existencias vinculadas a otras existencias. Ojalá su lectura anime al lector a convertirse en promotor de una realidad más habitable para todos.
viernes, octubre 03, 2014
Día Mundial de la Sonrisa
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| Sonrisa. Óleo de Cristina Blanch, 2002 |
Como primer viernes de octubre, hoy es el Día Mundial de la Sonrisa. Todavía recuerdo una antológica portada de una revista de Psicología. En ella figuraban dos ilustrativas fotos. En la de la izquierda aparecía un nutrido grupo de niños en el patio del colegio a la hora del recreo. Todo transparentaba abundante algarabía, movimiento, bullicio, risas. En la foto de la derecha se mostraba un atiborrado vagón de metro con gente camino del trabajo. Todo eran rostros adustos, plúmbeos, abatidos, la desolación acunándose en lo elocuente de sus rasgos. El titular de la portada era brillante: «¿Qué ha pasado para llegar hasta aquí?». Auténticamente genial. La sonrisa es una opinión del alma cuando el alma se toma en serio las cosas serias, pero desinfla de gravedad todo lo demás. No es que sea un paréntesis abierto en mitad de la aciaga existencia, es que desautoriza que la existencia sea algo aciago, aunque sin caer ni en el patetismo ni en el ridículo melífluo de releer la vida como un algodón de azúcar.
El ser humano a medida que va cumpliendo años deja escalonadamente de reír y sonreír. Los niños se ríen infinidad de veces al día, los adultos infinidad de veces ningún día. Cuando las sonrisas se acumulan y decoran la fisonomía con frecuencia se convierten en buen humor, uno de los principios constituyentes para encarar cualquier proyecto mancomunado. Desafortunadamente muchos no lo saben, pero una sonrisa es una alfombra roja que se tiende al otro para que pase sabiéndose invitado y agasajado. Nada nos imanta a los demás con tanta intensidad como el magnetismo milagroso de una sonrisa. En un mundo cada vez más ansiógeno y depresivo, todas las encuestas sobre relaciones humanas señalan que uno de los valores que siempre alcanzan el podio es que nos hagan reír, descorchar una sonrisa, pasar un buen rato. Existe un proverbio japonés que alaba esa conducta aunque pragmáticamente la orienta a la pedagogía comercial: «Si no sabes sonreír, no se te ocurra poner una tienda». Me atrevo a versionar el proverbio y reconducirlo hacia cualquier interacción. «Si no sabes sonreír, siempre tendrás a varios kilómetros a todo el que esté a tu lado».








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